Iñigo Benito Molinero

Archivo para octubre, 2013

Lenguaje y Codigo: El valor del proceso y de las artes

“Great coders are todays rock stars” Afirma el músico Will’I’am en este video. En él varios famosos, de diferentes profesiones, algunos del mundo de la informática y otros no, hablan sobre la importancia de que los niños aprendan a programar desde pequeños, a escribir código en la escuela.

En un mundo en el que cada vez más herramientas funcionan por medio de programación parece algo lógico que así sea. Y que conste que estoy totalmente de acuerdo con la premisa: Aprender lenguaje de programación es igual o más importante que aprender ingles a día de hoy. Pero cuando oigo algunas cosas que se comentan en este video, algo me chirría, quizás sea por el lenguaje que emplean los entrevistados… No sé que es exactamente, pero voy a intentar expresar mis dudas para ver si yo mismo llego a comprender lo que digo. El lenguaje es pues, la clave de este asunto.

Las letras son símbolos. Construyen bloques que configuran nuestro lenguaje. El lenguaje nos ayuda a comunicarnos. Incluso usando complejas lenguas, gente inteligente sufre malentendidos. A veces escribimos cosas – letras, palabras…- esperando que sirvan para comunicarnos. Letras y palabras en busca del entendimiento.

– LA SEÑORA DEL LEÑO, de la serie TWIN PEAKS. –

Expresarse es complicado para algunas personas. Cuando nos expresamos, cuando intentamos transmitir información, esta pasa por interminables filtros que la transforman. La percepción, los conocimientos y las emociones son filtros, son procesos que modifican la información. Muchos tenemos esa sensación al expresarnos, la sensación de que lo que decimos no se ajusta a lo que queremos decir, que la información al salir de nuestra boca, es incompleta. Pero no por ello fracasamos al comunicarnos. Deleuze nos habla así de afrontar el proceso de escritura.

¿Cómo hacer para no escribir sino sobre lo que no se conoce, o se conoce mal? A este respecto es preciso imaginar que se tiene algo que decir. Sólo se escribe en el límite del propio saber, en ese límite extremo que separa nuestro saber de nuestra ignorancia, y que conduce de uno a otra. Sólo de esta manera llega uno a decidirse a escribir.

– DELEUZE, Gilles. Diferencia y repetición. Madrid: Jucar.-

No sólo al aceptar que trabajamos en el ‘limite del propio saber’ encaramos el proceso de escribir, comunicar o crear. Sino que además activa en nosotros la noción de haber iniciado algo, un proceso, un proyecto. Jose Antonio Marina habla ampliamente sobre los significados de ‘proyectar’ en su famoso libro “Teoría de la inteligencia creadora“,  entre otras cosas nos recordaba que la inteligencia no es un ingenioso sistema de respuestas sino un inagotable sistema de preguntas. Es por ello que en cuestiones de comunicación y/o aprendizaje es tan importante remarcar el proceso.

Me gustaría matizar que durante mi paso por la universidad de artes ya se hacia mucho hincapié en “mostrar el proceso”,  como si por adjuntar un pequeño librito junto con la obra en cuestión todo quedase explicado. Es un recurso muy manido en instituciones y galerías. Huelga decir que en la mayoría de los casos se trata de una cuestión de “postureo”, y no de una actitud integral hacia el proyecto artístico.  Incluso entre los propios artistas que han adquirido esas actividades “extras” como tics graciosos, cuando en gran parte, el interés real de su obra radica en el proceso en sí, y no en el hecho de mostrar unos objetos representativos de ello. Es una de esas tendencias que personalmente aborrezco.

Cualquier forma de expresión incluye un proceso, desde el habla a la literatura o las artes visuales. Ese proceso no es una receta a cumplir, ni una serie de formulas de actuación que seguir. Se trata de comprender que uno está inmiscuido en un fluido viscoso que avanza sin cesar y cuyas partes se conforman según avanzamos, es un proceso experimental y experiencial. Dos cualidades muy defendidas siempre desde la actividad artística a diferencia de la investigación científica. Experimental, porque asume tanto el fracaso como el acierto en sus estructuras, y experiencial porque la viscosidad solo se comprende estando sumergidos en ese fluido viscoso. No hay librito o boceto que explique ese tipo de cosas.

No obstante, comunicar esa experiencia artística no es fácil. Las instituciones solo se molestan en afianzar las claves de ese publico general que solo acepta lo que ya sabe, lo que ya conoce. La institución intenta transformar el lenguaje artístico, diseccionándolo en pequeñas partes y traduciéndolo dentro de las cuadriculas culturales que puede digerir y aceptar.

Si volvemos al video y vemos la asociación de ideas que hace entre saber programar y “el exito”, es cuando me empiezan a chirriar los oidos. Cuando te venden que serás ‘un mago’ en comparación con todos los demás, o lo increible que será tu lugar de trabajo, con monopatines y sofás gigantes, y como un chef te preparara la mejor comida, y cómo podrás ayudar a la millones de personas apretando un botón, en fin… aclaremos un par de cosas.

Quizá la programación sea uno de esos campos del conocimiento en el que ser minucioso es imprescindible y en el que los programas sencillamente no funcionan si no están escritos correctamente. Pero además, el proceso en sí recompensa más bien poco, y la presión y la dedicación son muy altos. En cualquier caso, en la visión que el video transmite no tiene cabida para el fracaso, la dificultad o la tristeza, y el proceso directamente se encuentra ausente. Programar es muy a menudo frustrante de narices. Recuerdo por ejemplo la vulnerabilidad que Tommy Refenes transmitía en el documental Indie Game the movie (trailer abajo), donde también se mostraba como trabajaban programadores, y aunque sé que existe una gran diferencia entre un documental y un clip de 3 minutos, es igualmente importante mostrar el proceso como algo integral y conformador. No como el extra de un dvd.

Si aprender a escribir código nos va a servir para comunicar grandes cosas, aprender a valorar los procesos también.

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