Iñigo Benito Molinero

La era del Cyborg

man machine

La idea de que todos somos de alguna manera cyborgs, es ya una realidad bastante comentada entre sociologos y antropólogos, con relación a la implementación de las tecnologias en la vida diaria. En esta conferencia del TED realizada por la conferenciante Amber Case, por ejemplo, se defiende la idea de que cualquiera con un smartphone a mano ya es una forma primitiva de cyborg. Nuestro acceso permanente a la web hace que nuestro cerebro parezca cada vez menos un sistema de almacenaje de datos contextuales y mas parecido a capas de metadatos. Fomentando asi, a categorizar, enlazar y aprender a buscar esa información en las sinapsis de ese cerebro-colmena que llamamos internet.

No obstante, dejando de lado el significado más literal de lo que es un cyborg, y nuestra recurrente tendencia a invocar la imagineria de la ciencia ficción, ¿cómo de cyborgs somos realmente? ¿como ha sido está aparente fusión de lo humano con las tecnologías?

Hasta hace bien poco, la fusion con las maquinas se nos antojaba de dos formas muy simples. Por un lado, un tenebroso futuro apocaliptico gobernado por la pura razón mecánica, y por otro, una utopia de liberación humana por medio de perfectas maquinas. El concepto cyborg así, viajaba de ser algo odiado y temido a algo deseado y adorado. La realidad, como ocurre con muchas otras cosas, dista mucho de acercarse a tales extremos.

Hemos ido asimilando todo aquello que hemos creado, con paciencia y esmero, y a menudo integrandolo en cuerpos o ‘corpus’ existentes tanto reales como ideológicos tambien de diversa indole. Lidiando con las problematicas que surgian como se podía. Alla por los noventa, Donna Haraway decia así:

“Los cuerpos son mapas de poder e identidad y los cyborgs no son una excepción. Un cuerpo cyborg no es inocente, no nació en un jardín; no busca una identidad unitaria y, por lo tanto, genera dualismos antagonicos sin fin, se toma en serio la ironia. Uno es poco y dos es sólo una posibilidad. El placer intenso que se siente al manejar las maquinas deja de ser un pecado para convertirse en un aspecto de la encarnación.”

Aunque Haraway, allá por los 90, utilizaba el concepto cyborg en el contexto de la teoria de genero y el cyberfeminismo, podemos comprender su enfoque en un sentido más literal. ¿No es pues, el cyborg, el ser hibrido, una oportunidad para saltar las fronteras autoimpuestas del hombre? Aprovechar una oportunidad para la perversion y el aprendizaje?

“El cyborg aparece mitificado precisamente donde la frontera entre lo animal y lo humano es transgredida. Lejos de señalar una separación de los seres vivos entre ellos, los cyborgs señalan apretados acoplamientos inquietantes y placenteros”

El cyborg, y el fantasma de la robótica, son los próximos umbrales de aceptación social a los que se enfrentará el hombre. El yo virtual, un reflejo ya existente en millares de personas como algo propio y deseable. Un yo digital a amar y proteger.

“El cyborg es una especie de yo personal, postmoderno y colectivo, desmontado y vuelto a montar. Es el yo que las feministas deben codificar”

Haraway nos propone las bases para la comprension e integración de quienes somos, en nosotros mismos, a través de la fusión con lo maquinico, tanto como una oportunidad como una responsabilidad. Una nueva combinación de herramientas, un planteamiento ideologico, para leer y escribir el texto codificado.

Apuesto a que cuando creamos que ya estamos preparados, el momento ya habrá pasado. Y aun así, hay dias en los que mi fascinación por ello me priva del sueño.

 

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